31 de enero de 1937. ¡Viva Málaga la Bella!

Cruz de Torrijos en el Barrio de El Perchel. Fuente: Legado Temboury.
Reproducimos a continuación unos fragmentos de una magnífica editorial publicada por Ezequiel Enderiz en las páginas de El Popular.
¡Viva Málaga la bella
la tierra del aguardiente
de las mujeres bonitas
y de los hombres valientes!
(copla popular)
En la gesta gloriosa de la Revolución proletaria en España, Málaga figurará en la primera línea. Es esta ciudad la honra de Andalucía.
La ciudad macho del vergel muzárabe ibérico. La ciudad de fuerte vientre que ha sabido parir hombres de veras. No miente la copla popular.
Desde el primer momento de la rebelión militar, Málaga hizo un salto de pantera y se apoderó de los cuarteles. A partir de ahí fue héroe y mártir.
Aislada de todos, cercada por la chusma fascista, tuvo que organizar su defensa locamente, sin cohesión alguna con otras plazas, suplantando con valor lo que le faltaba de material de guerra.
El pueblo majo de El Perchel y Capuchinos se hizo cargo de la ciudad, y mientras hacía la guerra en el campo, en los frentes del Guadiaro, de Marbella y Estepona, hacia su Revolución interior.
La ciudad de Málaga fue siempre buen sitio de conspiración liberal. Era la ciudad odiada por Fernando VII. En las arenas de su playa cayeron fusilados los de Torrijos, otro de los grandes crímenes del absolutismo.
Cuando los incendios de conventos del mes de mayo del 31 –ministro de la gobernación, Maura-, en Málaga no quedó un solo altar en pie. Una furia humana y, por tanto, antirreligiosa destruyó los altares todos.
Al domingo siguiente no se podía decir misa en Málaga. La gente beata de la capital, aquella podrida Málaga de los Larios y de los Creixell, la Málaga de “La Unión Mercantil”, venían desde hace años organizando las “cofradías” de la ciudad para competir con Sevilla (…)
Así fue, Málaga comenzó a vivir sin las iglesias y sin las imágenes, una nueva vida. Despertó en la ciudad un anhelo infinito de una existencia mejor. Era la ciudad andaluza, antes de todo esto, un nido de vagos.
Los vagos de los círculos que se estacionaban en las aceras de la Calle Larios y los vagos que vivían de las sobras de los señoritos. Un pueblo plagado de limpiabotas. Con más limpiabotas que botas que limpiar (…)
En esa Málaga que aparece el 19 de julio asaltando los cuarteles a pecho descubierto y que lleva ya seis meses de lucha titánica, aguantando bombardeos de tierra, mar y aire con serenidad numantina, haciendo de las ruinas de la ciudad el mejor monumento a su entereza.
Dicen que Mussolini ha ordenado a sus cómplices, los militares de España, que tomen a Málaga rápidamente. Hacen cuanto pueden por complacer al “Duce”. Este puerto en el Mediterráneo le hace falta al jefe de Franco.
Pues que la tomen, si pueden. Pero que no olviden que Málaga tiene una cuesta y que tras esa cuesta está el barrio de El Perchel, donde todavía viven los nietos de los famosos “majos”…















